domingo, 9 de septiembre de 2018

ZOLA RECUERDA

Hola soy Zola, aparezco por aquí para recordarle a la mi jota en huelga personal e intransferible que en el siguiente enlace correspondiente a la decimoquinta etapa de la vuelta ciclista a España 2018, emitida esta tarde mientras ella "estaba frita", aparecen todos los entornos que durante tantos años disfrutamos correteando juntas, pues aunque yo pareciera dormida  tenía el ojo bien abierto y no me he perdido nada.
Como en las playas no me dejaban entrar tocaba esperarla dentro del coche, pero en los ríos, ay los ríos, esos no se salvaban de mis chapuzones ni los patos de mis persecuciones, siempre con las mejores intenciones de mi inocencia zolera, pero los muy frescos siempre se burlaban de mi y me daban esquinazo echándo a volar




http://www.rtve.es/alacarta/videos/vuelta-ciclista-a-espana/vuelta-ciclista-espana-2018-15-etapa-ribera-arriba-lagos-covadonga-1/4729972/

Como este año aún no me ha llevado
aprovecharé la ocasión para plantar por aquí el enlace a ver si le remuevo cierta culpabilidad y me lleva pronto.  Dice que ya no puede estar a todas como antes y que este año le ha tocado "en la feria" realizar demasiadas reformas que requerían su presencia. Quizás se trate del  origen de su actual huelga bloguera....lo cierto es que tanto silencio me anda mosqueando últimamente.



Parece ser que menos es nada y me tendré que conformar con gozar de este enlace que planto por aquí para recordarle nuestras correrías  de no hace tanto así como las anécdotas acaecidas por tan bellos paisajes, sufridos y aguerridos ciclistas incluidos.



jueves, 16 de agosto de 2018

MADAME DE CHÂTELET

https://mujeresconciencia.com/2017/11/14/madame-de-chatelet-1706-1749/

Madame de Châtelet (1706-1749)






Gabrielle Émilie Le Tonnelier de Breteuil.

Gabrielle Émilie de Breteuil, marquesa de Châtelet fue una dama francesa que tradujo los Principia de Newton y divulgó los conceptos del cálculo diferencial e integral en su libro Las instituciones de la física, obra en tres volúmenes publicada en 1740.
Era una dama de la alta aristocracia y fácilmente podía haber vivido una vida inmersa en los placeres superficiales, y no obstante fue una activa participante en los acontecimientos científicos que hacen de su época, el siglo de las luces, un periodo excitante. En sus salones, además de discutir de teatro, literatura, música, filosofía… se polemizaba sobre los últimos acontecimientos científicos. Mme. de Châtelet, al traducir y analizar la obra de Newton, propagó sus ideas desde Inglaterra a la Europa continental. El determinismo científico de Newton permaneció como idea filosófica hasta mediados del siglo XIX.

Su vida

El 17 de diciembre de 1706 nació Madame de Châtelet, en Saint-Jean-en-Greve, en Francia, durante el reinado de Luis XIV, y le pusieron el nombre de Gabrielle-Émilie Le Tonnelier de Breteuil.
Los Breteuil ya eran importantes en el siglo XV e hicieron fortuna en la magistratura y las finanzas. Su padre, Louis-Nicolas Le Tonnelier de Breteuil, barón de Preuilly, a los cuarenta y nueve años se casó con Gabrielle Anne de Froulay. El rey le otorgó entonces el cargo de introductor de embajadores en el que brilló por su perspicacia y su sentido de la diplomacia.
Émilie desde su más tierna infancia tuvo el deseo de saber e hizo todos los esfuerzos para conseguirlo. Sentía curiosidad por todo, y todo lo quería comprender. Estuvo rodeada de un entorno excepcional y recibió una educación atípica para su época. Sus padres tenían un gran respeto por el conocimiento y rodearon a sus hijos de una atmósfera que hoy llamaríamos intelectual. Demostró poseer una capacidad inusual y una inteligencia privilegiada. A los diez años ya había leído a Cicerón y estudiado matemáticas y metafísica; a los doce hablaba inglés, italiano, español y alemán y traducía textos en latín y griego como los de Aristóteles y Virgilio.




Emilie du Châtelet.

Estudió a Descartes, comprendiendo las relaciones entre metafísica y ciencia, por ello mantuvo durante toda su vida la exigencia de un pensamiento claro y metódico, dominado por la razón. Esto, probablemente, le llevó a adoptar posturas más avanzadas que las de sus amigos newtonianos. Émilie fue una pura intelectual cartesiana. Como forma de pensamiento sólo conocía la deducción. La inducción no le satisfacía.
A los diecinueve años, el 20 de junio de 1725, unos meses antes de la boda de Luis XV con María Leszczinska, se casó con Florent Claude, el marqués de Châtelet-Lamon, miembro de una muy antigua familia de Lorena, que tenía entonces treinta años. Tuvo tres hijos de los que vivieron dos, una hija, Françoise Gabrielle Pauline, y un hijo, Florent Louis Marie, que nació un año después.
Después del nacimiento de su tercer hijo, cuando Émilie tenía 27 años, volvió a frecuentar la corte. A Émilie siempre le encantó la vida en la fastuosa corte de Versalles, gozando con las fiestas, la ópera y las representaciones teatrales.
Debido a su posición Émilie pudo obtener los servicios, como profesores, de algunos buenos matemáticos como Pierre Louis Moreau de Maupertuis (1698-1759), que posteriormente alcanzó la fama por su expedición al Polo Norte para hacer mediciones de la Tierra y demostrar que no era alargada como defendían los seguidores de Descartes sino que se achataba por los polos, como Newton había supuesto. Cuando Maupertuis se fue a la expedición, Mme. de Châtelet, aconsejada por él, recibió clases de Clairaut, al que llamó “su maestro en geometría y su iniciador en astronomía”, pues tuvo tanta influencia como Maupertuis en el pensamiento de Émilie, ya que Clairaut estaba muy dotado como profesor. Émilie tuvo otro profesor, Koenig, alumno del leibniziano Wolff, que en 1739 fue a vivir a su casa para darle lecciones de geometría.
El 6 de mayo de 1734 Voltaire se alejó de París, para huir de la justicia. Se refugió en el castillo de Cirey-Blaise, propiedad del marqués de Châtelet, cerca de la frontera de Lorena, situado en una región montañosa, a cuatro leguas de la ciudad más próxima. Émilie decidió ir a vivir con Voltaire en 1735. Formó con él una pareja indisoluble, unida por sentimientos e intereses comunes, que le proporcionó estabilidad afectiva y el respeto de un hombre admirado. En él encontró al compañero de discusiones, al filósofo, al hombre de espíritu que ella necesitaba. La relación entre ellos duró durante el resto de su vida. En Cirey trabajaron y estudiaron siendo sus salones centro de intelectuales de toda Europa que iban allí a aprender con esta excepcional mujer. En su amplia correspondencia se pueden leer cartas de los grandes matemáticos de la época, como Johann Bernoulli, además de Maupertuis y Clairaut. Formaron una biblioteca de más de diez mil volúmenes, mayor que las de la mayoría de las universidades.
En 1748 quedó embarazada. Su hija nació el 2 de septiembre de 1749, cuando ella estaba sentada en su despacho y escribiendo sobre la teoría de Newton. Todo parecía ir bien, pero ocho días más tarde murió repentinamente.

Su obra

Émilie había leído, estudiado y anotado las obras de los científicos de su época. Leía en latín, inglés, francés… y pedía a su librero las novedades de Inglaterra y Holanda. El periodo entre 1737 y 1739 fue de acumulación de conocimientos. Estudió las publicaciones de los académicos para poderlas evaluar, y se dio cuenta de que estaban llenas de prejuicios.
En 1737 la Academia de Ciencias anunció un concurso para el mejor ensayo científico sobre la naturaleza del fuego y su propagación. Ambos, Émilie y Voltaire, comenzaron a trabajar y a hacer múltiples experimentos, ponían el hierro al rojo, lo enfriaban, medían temperaturas y pesaban. Voltaire estaba preparando un ensayo para presentarlo al concurso. Pero a las conclusiones a las que llegaban eran diferentes, así que, un mes antes de que finalizara el plazo para el concurso Émilie decidió participar también de manera independiente, trabajando en secreto, y sin poder hacer por ello apenas experimentos. Sólo lo sabía el marqués de Châtelet. El fallo del jurado no fue para ninguno de los dos sino que ganó Leonhard Euler. Como premio de consolación consiguieron la posibilidad de publicar sus trabajos.
Esta memoria sobre el fuego (Dissertation sur la nature et propagation du feu, 1744) constaba de ciento cuarenta páginas, donde mostraba sus estudios sobre los físicos anteriores. Utilizó en ella sus conocimientos sobre Leibniz, especialmente la distinción entre fenómenos y propiedades inseparables de la sustancia. Examinó las propiedades distintivas del fuego: tender hacia lo alto, antagonismo de la pesadez, igualmente repartido por todas partes, incapaz de un reposo absoluto… decidió que era un ser especial, ni espíritu, ni materia, pero no pudo explicar el origen del fuego. En la segunda parte trató las leyes de la propagación del fuego para lo que tuvo en cuenta los principios leibnizianos de las fuerzas vivas. En esta obra había dos ideas profundas, obtenidas sólo por la reflexión, sin experimentos: tenía razón al atribuir a la luz y al calor una causa común, y que los rayos de distintos colores no proporcionan el mismo grado de calor. Fue su primera publicación, el primer paso al reconocimiento público de su valía. Se afirma que su trabajo era adelantado para su época.
Escribió Las instituciones de la física, obra en tres volúmenes publicada en 1740 que contiene uno de los capítulos más interesantes sobre cálculo infinitesimal, y que fue escrita para que su hijo pudiese comprender la física. No existía ningún libro en francés de física que pudiera servir para instruir a los jóvenes, y consideraba que era una disciplina indispensable para comprender el mundo. En el prólogo, dirigiéndose a su hijo, comentaba las razones que la habían llevado a escribir el libro, y donde mostraba su pasión por el conocimiento y el estudio, que intentaba transmitir a su hijo, a la vez que criticaba la ignorancia, tan común entre las gentes de rango.
En general era un libro fiel a la física newtoniana, pero la filosofía puramente científica y materialista de Newton no terminaba de convencerla y reescribió los primeros capítulos acercándose a la metafísica de Leibniz, explicándola con profundidad y claridad, ya que consideraba, con una visión impropia de su época, que ésta podía conjugarse con la física newtoniana. La marquesa de Châtelet estudió a Descartes, luego a Leibniz y por fín a Newton. Convencida de muchas de las ideas de Descartes, Leibniz y Newton escribió su libro intentando explicarlo todo mediante el razonamiento cartesiano. La idea de que la ciencia debía basarse en la Metafísica, era de Descartes, pero Mme. de Châtelet se mostraba en contra de los remolinos y el éter de los cartesianos. Admiraba las fuerzas vivas de Leibniz, y sin embargo no comulgaba con las mónadas de las teorías de éste. Defendía la teoría de la atracción universal de Newton, y sin embargo no creía como él que Dios, como relojero, tuviera de vez en cuando que necesitar actuar en el universo, dando cuerda a los relojes. Así supo aunar en lo principal las teorías de los tres grandes sabios, y sin embargo estaba en contra de todas las corrientes, porque siempre encontraba algo en sus teorías con lo que no estaba de acuerdo.
Mientras que sus contemporáneos varones estaban cada uno a favor de sólo uno de estos sabios y en contra de los otros dos, ella fue la primera en ver lo positivo de cada uno de ellos e intentar construir una teoría unificada. Discutió, escribió, polemizó, estuvo en el ojo del huracán y, sin embargo, la Historia ha tenido tendencia a olvidar sus aportaciones.
Escribió también un interesante Discurso sobre la felicidad, en el que opinaba que la felicidad se conseguía con buena salud, los privilegios de riqueza y posición y también con el estudio, marcándose metas y luchando por ellas. Escribió que el amor al estudio era más necesario para la felicidad de las mujeres, ya que era una pasión que hace que la felicidad dependa únicamente de cada persona, “¡quien dice sabio, dice feliz!”.
Hacia 1745 comenzó a traducir los Philosophiae Naturalis Principia Mathematica de Newton del latín al francés, con extensos y válidos comentarios y suplementos que facilitaban mucho la comprensión. Durante 1747 estuvo corrigiendo las pruebas de la traducción, y redactando los Comentarios. Gracias a este trabajo se pudo leer en Francia esa obra durante dos siglos, lo que hizo avanzar la Ciencia.
Los Principia de Newton era una obra difícil, llena de figuras y demostraciones geométricas, por lo que, para traducirla, era preciso haber estudiado geometría. Newton enunció las famosas leyes de la gravitación universal con lo que dotó de un nuevo paradigma a la Ciencia.
Los Principia constan de tres libros. Están escritos en latín, quizás para que sólo estuvieran al alcance de personas con buena formación. En el libro primero se enuncian las tres leyes fundamentales de la dinámica, siguiendo a Kepler y a Galileo, y se define fuerza centrífuga y masa. El libro segundo contiene un interesante trabajo sobre cálculo diferencial y trata del movimiento de los fluidos. En el libro tercero se enuncia la ley de gravitación universal.
Cuando quedó embarazada, el trabajo la distraía de sus preocupaciones. Llevaba tres años traduciendo y comentando los Principia de Newton. Este escrito era para ella precioso y esencial. De él iba a depender su fama futura. Quería tenerlo terminado antes del parto, y quería hacerlo bien. No tenía tiempo que perder. Cuando murió en 1749 ya estaba terminado. Su traducción sobre los Principia de Newton se publicó finalmente en 1759, con un elogioso prefacio de Voltaire. Dicho libro ha continuado reimprimiéndose hasta la actualidad siendo la única traducción al francés de los Principia.
Los trabajos de Newton y Leibniz resultaron enormemente difíciles de entender para sus contemporáneos, más de uno los acusó de ser más misteriosos que esclarecedores. Por eso, es necesario resaltar la importancia de aquellas personas, que como Émilie de Breteuil, marquesa de Châtelet, se ocuparon de estudiarlos y de entenderlos, para divulgarlos entre sus coetáneos. Émilie estudió primeramente a Leibniz, tradujo después los Principia de Newton del latín al francés, y en sus salones los intelectuales de la época discutían sobre las obras de estos autores. Ya en su obra Las Instituciones de la física mostraba una voluntad de síntesis entre los trabajos de ambos autores. Tengamos en cuenta que muchas de las grandes aportaciones han sido, en ocasiones, más conocidas a través de recopilaciones y traducciones que por las obras originales de los propios autores.
Comentemos el escándalo que supuso llevar a Francia entre 1730 y 1740 las teorías de Newton por Mme. de Châtelet y sus amigos. La teoría de la gravitación se oponía a la teoría del gran sabio francés Descartes. Implicaba una visión de la naturaleza y una concepción de la ciencia radicalmente contrarias. Los cartesianos –CassiniMairanRéaumur– rehusaban reconocer que la Tierra era achatada por los polos a pesar de las pruebas aportadas.
Escribió también un interesante Discurso sobre la felicidad, en el que opinaba que la felicidad se conseguía con buena salud, los privilegios de riqueza y posición y también con el estudio, marcándose metas y luchando por ellas. Escribió que el amor al estudio era más necesario para la felicidad de las mujeres, ya que era una pasión que hace que la felicidad dependa únicamente de cada persona, “¡quien dice sabio, dice feliz!”.

Tras un largo periodo de penosa inactividad bloguera, resulta posible que la reinicie con cierto sentido de "calafateo" y con la vista puesta en establecer algunas relaciones  entre Mdme. de Chatelet, nacida en la abundancia y cierta poetisa de mi tiempo, ya fallecida. Nació en tiempos tan desfavorables  como humillantes como los de nuestra pasada guerra civil de mediados del siglo XX pero con una inteligencia y una sensibilidad  superior que seguramente, tras demasiados quebrantos, hubo de ocultar muy mucho entre la sociedad de su época y que fue ganando sus mejores "mendrugos de poeta" en el sencillo y tierno territorio infantil, territorio poco frecuentado por los poetas de su tiempo, lo cual  seguramente le permitiera cierta holgura económica. Finalmente,  a costa de un exceso de dolor y soledad conseguiría vivir de su arte y donar su fortuna residual a quienes más lo necesitaban:  los más jóvenes  nacidos en circunstancias menguantes, como la suya. 
Sí, me refiero a Gloria Fuertes, pero, eso será otro día, no se cuando.

Aparentemente las circunstancias de Madame "gavacha" fueron muchísimo más propicias, no solo por su linaje sino porque consiguió desarrollar sus enormes cualidades intelectuales bajo el manto de la abundancia, justo lo contrario que nuestra Gloria nacional, aunque no le quedara más remedio que recurrir a los medios de su tiempo propios de una dama perteneciente a nobleza dada su condición y circunstancia, esa gran tirana que nos domina  a la que comunmente solemos llamar "tiempo" (sin considerar sus diversas acepciones.)  Batallar contra ella resulta tan estimulante como inútil, en realidad nos engulle en el preciso instante que salimos del canal de parto. 

martes, 14 de agosto de 2018

EL FILÓSOFO IGNORANTE



http://archivo.e-consulta.com/blogs/consultario/sobre-el-filosofo-ignorante-de-voltaire/





Es precisamente el exceso de ambición y la presunción que la acompaña lo que ha hecho hasta hoy tan ineficaces a los filósofos. En un párrafo contundente de este libro, Voltaire traza un balance desolador:
“Desde Tales hasta nuestros profesores de universidad, y hasta los más quiméricos razonadores e incluso hasta sus plagiarios, ningún filósofo ha influido ni siquiera en las costumbres de la calle en la que vive. ¿Por qué? Porque los hombres se conducen de acuerdo con la costumbre y no según la metafísica. Un solo hombre elocuente, hábil y acreditado logrará mucho sobre los hombres, cien filósofos no conseguirán nada mientras no sean más que filósofos.”
No hace falta decir que Voltaire quiso siempre ser ese hombre elocuente e influyente y no uno más en la caterva estéril de los filósofos digamos “puros”.
El filósofo ignorante aparece mencionado por primera vez en una carta de Madame du Deffand a Walpole, fechada en 1767. Es lógico suponer que fue escrito el año anterior, es decir ya en la ancianidad del autor. Está compuesto de apuntes breves, a veces perentorios (estilo “no le des más vueltas”) y a menudo irónicos o mejor: sarcásticos. Ni siquiera Locke, al que admiró y veneró toda su vida, se salva de algunos zarpazos. Voltaire vuelve a defender su deísmo contra todo y contra todos (en especial contra actitudes como la de Spinoza, al cual sitúa perspicazmente del lado del ateísmo a pesar de hablar tanto de Dios). Para su mente práctica y ordenada, un Ser Superior que garantice el orden racional del Universo y la ley moral, pero sin mezclarse en querellas inquisitoriales ni absurdas supersticiones, es un servicio público intelectual de primera necesidad. Si por casualidad no existiera, deberíamos inventarlo y defenderlo nosotros —es decir, los humanos que queremos vivir mejor— por razones de estricta utilidad…
En las últimas líneas, constata que el “monstruo” enemigo de la razón (al que no es difícil poner nombre y apellidos, aunque varíen a lo largo de la historia) sigue activo y por tanto quien defienda la verdad corre el riesgo permanente de ser perseguido por causa de ella. Sin embargo, a pesar de esa amenaza, no debemos permanecer “ociosos en las tinieblas”. Es el mensaje final de alguien que permaneció activo y combativo hasta su último aliento.
Fernando Savater, al respecto dixit:
Empecemos por constatar algo obvio y que sin embargo puede sonar paradójico: llamar a un filósofo “ignorante” es una redundancia. Desde sus orígenes, ser filósofo es asumir que uno no posee a sofía, la sabiduría, sino que solamente aspira a ella con amor —filía— no siempre correspondido. Ya de entrada se admite que no se es un sofós, un sabio, sino sólo alguien que duda de los saberes establecidos y suspira por un saber verdadero, tan invulnerable a la duda como, ay, inalcanzable. El sabio sabe que sabe (o cree que sabe) mientras que el filósofo sólo sabe que no sabe… pero está seguro de que le gustaría saber.
No es cuestión de modestia, nada de eso, sino al contrario, exceso de ambición intelectual: lo que el filósofo quisiera saber es algo tan vasto y esencial que desborda los conocimientos asequibles a nuestras limitadas capacidades de observación y experiencia. Por eso sus mayores triunfos se resuelven finalmente en fracasos, por eso ningún filósofo logra poner punto final a la filosofía… ni siquiera anular definitivamente a los filósofos que le han precedido y que siguen presentes en su propia obra, dudosos y tenaces. Dedicarse de veras a la filosofía es renunciar a la resignación y a la paciencia, tan sabias. El filósofo es —y pido perdón por parafrasear a José María Pemán— un “divino impaciente”.
La impaciencia de Voltaire iba por otro lado. A él no le desazonaba la ausencia de certezas definitivas y esenciales, sino la urgencia de acabar con los errores —de uno u otro tamaño— que obstaculizan el logro de una vida razonablemente dichosa y próspera para los humanos. Si alguien creyó firmemente (pese a su radical escepticismo) en el primum vivere, deinde philosophari, ése fue Voltaire. Combinaba un agudo escepticismo respecto a la posibilidad de resolver de una vez por todas las grandes cuestiones con un optimismo militante sobre la mejora de los asuntos cotidianos: está a nuestro alcance lograr una vida más racional, más higiénica, mejor informada y menos cruel… si acabamos con prejuicios y supersticiones. Los filósofos deberían aplicarse a esta tarea y no a intentar resolver acertijos metafísicos que trascienden lo que un modesto mamífero como es el hombre puede abarcar.

Un inciso de loa a cierta reflexión un tanto introspectiva:

Es creencia común que resulta difícil ser totalmente feliz, y demasiado cierto es, pero quizás resultaría posible llegar a serlo si entre los hombres las reflexiones y los planes de conducta precedieran a las acciones. Nos vemos arrastrados por las circunstancias y nos entregamos a ilusiones que nunca nos deparan más de la mitad de lo que de ellas esperamos; en fin, no percibimos claramente los medios de ser felices hasta tropezar con los obstáculos nacidos de la edad y de las trabas que nos imponemos nosotros mismos.
Anticipemos algunas reflexiones aunque se manifiesten tardías que manifiesten  lo que la edad y las circunstancias de una vida hubieran podido ofrecer de otra manera, o no, y  con demasiada lentitud. No impidamos una parte del tiempo precioso y escaso del que disponemos para sentir y pensar, y "calafateemos nuestras barcas" de momentos que sirvan para procurarse los placeres que les pueda deparar la navegación. De lo contrario sería algo parecido a permanecer en circunstancias inferiores a aquellas que nos hicieron creer y nos creímos  merecer, en otras palabras: un infierno.

Tras semejante reflexión tan solo me queda añadir que la clave debe consistir en ejercer de equilibrista emocional entre los dos polos opuestos al que pertenecemos por el hecho de haber brotado cuales "homo sapiens al cuadrado"  (qué ironía) el "supuesto polo particular"  ese que apenas si es pero cuya realidad no solo pesa sino apabulla y el colectivo al que pertenezcamos y que nos arrastra cuando suben las mareas......propiciadas por algo tan físico como los ciclos lunares/emocionales/económicos/etc, ciclos diversos al fin y a la postre.  
Ello da que pensar a esta filósofa sumamente ignorante, y cual resorte inducido, brotan espontaneamente en su mente los conceptos psicológicos de bipolaridad y esquizofrenia colectivamente congénitos que pretenden expresarse a través de la materia del mundo físico al que pertenece. ¿Cómo conseguir que semejante pareja conceptual tan dispar consiga alguna "danza equilibrada"  cuando no se ha nacido equilibrista? ¿Se podrán encontrar referencias/muletas  al respecto en el comportamiento estelar de las galaxias, del universo, de los agujeros negros? ¿Acción versus Inactividad? ¿Alternancia? ¿Y de qué manera? Decididamente, una ignorancia supina que inclina el tablón de las dudas hacia una inexorable actividad vital. 











viernes, 22 de junio de 2018

REEDICIÓN - TOCA CARNE

CARNE -  UNA POSIBLE VERSIÓN  EXTRATERRESTRE DEL HUMANO
Este es un fragmento de la obra del escritor TERRY BISON. http://es.wikipedia.org/wiki/Terry_Bisson

 Lo cierto es que es un tema acerca del cual me costaría bastante escribir algo digno y que no haya sido sugerido con anterioridad por la abundante bibliografía al respecto, empezando por Asimov, por mencionar al primero que me viene a la memoria.  Es por esta razón que traigo a la palestra juevera  un extracto de la obra de Terry Bison,  autor y gran especialista en la materia, titulada CARNE.



Va de extraterrestres, de ciencia-ficción. No suele ser un tema que me apasione aunque sí me interese, además en este caso el texto y la forma de expresión me han cautivado.





—Están hechos de carne.


—¿Carne?

—Carne. Están hechos de carne.

—¿Carne?

—No hay dudas al respecto. Recogimos a varios de ellos en diferentes partes del planeta, los llevamos a bordo de nuestras naves y los investigamos de lado a lado. Son completamente carne.

—Eso es imposible. ¿Qué hay de las señales de radio y de los mensajes a las estrellas?

—Usan ondas de radio para hablar, pero las señales no salen de ellos. Las señales salen de máquinas.

—¿Pero quién hizo las máquinas? Queremos contactarnos con ellos.

—Ellos hicieron las máquinas. Eso es lo que trato de decirle. La carne hizo las máquinas.

—Eso es ridículo. ¿Cómo puede la carne hacer una máquina? Me pide que crea en carne consciente.

—No se lo pido, se lo digo. Estas criaturas son la única raza consciente en el sector y están hechas de carne.

—Tal vez son como los Orfolei. Ya sabe, una inteligencia basada en el carbono que pasa por una etapa de carne.

—No. Ellos nacen como carne y mueren como carne. Los estudiamos en varias de las etapas de su vida, lo cual no llevó mucho tiempo. ¿Tiene alguna idea de cuál es el período de tiempo que puede vivir la carne?

—No quiero saberlo. Está bien, tal vez sólo son en parte carne. Ya sabe, como los Weddilei. Una cabeza de carne con un cerebro de plasma electrónico en su interior.

—No. Pensamos en eso, porque ciertamente tienen cabezas de carne, como los Weddilei. Pero ya le dije, los investigamos. Son de carne por todos lados.

—¿No tienen cerebro?

—Sí, claro que tienen cerebro. ¡Sólo que el cerebro está hecho de carne! Eso es lo que estoy tratando de decirle.

—Pero, ¿con qué piensan?

—No me está entendiendo, ¿verdad? Se niega a creer lo que le digo. El cerebro es el que piensa. La carne.

—¡Carne que piensa! ¿Me pide que crea en carne que piensa?

—¡Sí, carne que piensa! ¡Carne consciente! Carne que ama. Carne que sueña. La carne es todo lo que hay. ¿Entiende la situación o tengo que empezar todo de nuevo?

—OMFGWTF. Entonces es en serio. Están hechos de carne.

—Gracias. Al fin. Sí, están totalmente hechos de carne. Y han estado intentando contactarnos por casi cien años de los suyos.

—OMFG. ¿Qué es lo que quiere la carne?

—Primero, quiere hablar con nosotros. Después supongo que querrá explorar el universo, contactar a otros seres conscientes, intercambiar ideas e información. Lo normal.

—Y se supone que tenemos que hablar con carne.

—Esa es la idea. Este es el mensaje que han estado enviando por radio: “Hola. ¿Hay alguien allí? ¿Hay alguien en casa?” Esa clase de cosas.

—Entonces es cierto que hablan. ¿Usan palabras, ideas, conceptos?

—Sí. Excepto que lo hacen con carne.

—Pensé que me había dicho que usaban la radio.

—Lo hacen, pero ¿qué cree que hay en la radio? Sonidos de carne. Como cuando uno golpea o sacude un trozo de carne, éste emite sonido. Ellos hablan sacudiendo su carne a los otros. ¡Incluso pueden cantar cuando lanzan chorros de aire a través de su carne!

—OMFG. Carne que canta. Es demasiado. Entonces ¿qué me aconseja?

—¿Oficial o extraoficialmente?

—Ambas.

—Oficialmente, se requiere que hagamos contacto, le demos la bienvenida y documentemos a todas y a cada una de las razas o seres múltiples conscientes de este cuadrante del universo, sin prejuicio, miedo o favoritismo. Extraoficialmente, le aconsejo que borremos los registros y nos olvidemos de todo este asunto.

—Esperaba que dijera eso.


Mas historias AQUI  http://eldemiurgodehurlingham.blogspot.com.es/

martes, 5 de junio de 2018

AUSENCIA

Muy pronto ausente y sin red durante gran parte de un estío que aún no se ha manifestado pero no tardará en hacerlo intensamente.