sábado, 12 de diciembre de 2020

Sísifo desde el punto de vista de Camus.

Texto copiado íntegramente de "colmena44" y escrito por Juvenal Vargas Muñoz.

Sísifo

Sísifo, el vencedor de la muerte. Este héroe de Homero que no tiene en su ser nada de divino, es poseedor de una astucia únicamente humana. También es un engañador y parece ser un ladrón, pero no de fuegos eternos, pues prefiere fuegos fatuos: la mirada se le conforma con el fuego fatuo.2 El rayo de sol en los ojos, en la piel, le viene bien, le conforma, le es suficiente. Este fuego no lo robó Sísifo, sólo lo usa, sin importar de quién sea; el dueño le tiene sin cuidado. Sísifo prefería tener agua, aire, sol sobre su piel. Esto le era suficiente. No necesitó el favor celestial que lo indiciara como elegido, favorito o necesario para Dios. Posiblemente de ahí el enojo de Dios en su contra.



Sísifo, el encadenador de la muerte. Si nos detenemos un instante en este punto, Sísifo mismo revelará de mejor manera la naturaleza de su heroísmo; heroísmo que, por donde se le mire, es trágico. El dios de los infiernos, Plutón, es quien al parecer le infringe a Sísifo el castigo de ser el eterno trabajador sin esperanza. La veleidad de los dioses queda nuevamente al descubierto: Plutón castiga a Sísifo por su rebelión, y, como Dios de la muerte, lo que podía donarle al hombre era eso: la muerte. Sísifo, al maniatar a la muerte –esbirro de Plutón– comienza a dejar el reino de Plutón desértico: decíamos líneas arriba que los dioses se sienten cómodos con súbditos, incluso con enemigos, pero con seres indiferentes o con reinos solos, nunca. Vemos cómo castiga Plutón a Sísifo por un crimen que tiene su raíz en el amor a los hombres. Sísifo desea al hombre sumergido el mayor tiempo posible en el mundo: el mundo, con todas sus nimiedades, que en nada se asemejan a las voluptuosidades preferidas por los dioses, cautiva y embelesa a Sísifo: renuncia a la otra vida y a toda esperanza transmundana. La vida para Sísifo está aquí y la muerte es la aniquilación de la vida: por eso hay que mantenerla atada, alejada de nosotros. La muerte no es el acceso a algo mejor; representa el vacío, la renuncia al aire sobre la cara. La muerte significa renunciar al calor del sol y a la frescura del agua sobre la piel y la lengua: representa lo contrario. Sísifo prefiere el sol, el aire y el agua, aun por encima del favor divino.

Desde la perspectiva de Camus, a Sísifo hay que prestarle oídos y darle crédito a sus palabras, pues si seguimos el discurso de Homero caeremos en la cuenta de que tal vez Sísifo sea el único que realmente conoce lo que hay después de la muerte, pues llegó al reino de Plutón y vio que después de la muerte no había lo que más le gustaba y disfrutaba, lo más común, lo que el mundo tiene para todos: la luz, el sol, el aire; no vio ninguna ventaja de estar junto a un dios careciendo del aire corriendo entre sus cabellos, y del sol hiriendo sus ojos, y del agua escurriendo entre sus dedos. Camus presenta la rebelión de Sísifo con base en lo que nos es más común; lo que todos, de algún modo, compartimos con los demás hombres y que la mayoría de las ocasiones demeritamos o incluso negamos por el favor divino, que para Sísifo no vale nada, acaso menos que una brizna de polvo. Ya muerto, Sísifo añora el mundo, su mundo. En el reino del dios no se siente cómodo: le es ajeno, quizá porque él no está hecho para habitar ese reino. Y apela nuevamente a algo humano para poder regresar a su mundo, desea su mundo de vuelta. El regreso a su mundo se lo da la astucia: engaña al dios manifestándole, creer en su ilimitado poder y tener agrado por el nuevo hábitat. De esta manera logra el regreso; logra que su mundo humano esté de vuelta, y él está de vuelta y eso es lo importante: corre y disfruta del sol. Aunque sea un instante más, ese instante, ese segundo de sol sobre la cara bien vale la condena eterna, bien vale trasladar la roca durante toda la eternidad. Para Sísifo el castigo eterno es poca cosa si es a cambio de un rayo de sol, de una gota de agua, de una brizna de polvo. Sísifo piensa, al contrario de Prometeo, que este castigo eterno está bien: sabía que era el precio y que la vida en rebeldía tiene un precio, y aún así éste es corto: el precio está bientodo está bien, el castigo está bien; no hay dolor, no hay ya más castigo, no hay más dios, aunque éste nos mire desde lo alto de la montaña con sorna; aunque tire nuestra roca para comenzar de nuevo; aún así está bien; aun así, todo está bien. Este es el momento del triunfo de Sísifo: si todo está bien; si no hay esperanza en la eternidad, ésta, el dolor y dios mismo se difuminan. El reino de Plutón se ha vuelto un reino humano. Así consuma Sísifo su victoria: el sol sobre la piel se impone al favor divino.


Hasta aquí sólo he intentado mostrar la apropiación que hace Albert Camus de dos símbolos de la mitología griega –de la cual él se manifestaba como un gran admirador y deudor– para plantearlos como algunos de los fundamentos sobre los cuales tendrá que descansar una moral que él denomina como atea. Desde la perspectiva camusiana es posible una ética y una moral que no tengan como fundamento la esperanza en una vida eterna. Para Camus esta esperanza es lo que encubre la belleza del mundo, de un mundo humano en todo sentido, esperanza que también encubre la belleza de una vida que aspira a la plenitud y a la absoluta conciencia, si no hay esperanza manifestada como trascendente el mundo se vuelve nuestro, se vuelve la única posibilidad, posibilidad surgida del absurdo mismo que implica nuestra finitud, la absoluta posibilidad de la finitud.

Es claro que la finitud revela también su lado absurdo, más aún la vida debe tener como punto de partida este aspecto absurdo, absurdo hijo de la finitud de la existencia, así, de este modo la vida consciente revela el necesario, ¿y para qué? Para qué cualquier cosa, cualquier acto si no hay algo más. Camus atisba este absurdo y lo asume, este absurdo bien vale la pena ser vivido, vale la pena agotar nuestro ser en él, hay que rebelarnos, hay que agotarnos, este agotamiento expresa en grado sumo nuestra dignidad, desde este punto trágico y absurdo también se puede y se debe proclamar, incluso proclamar con más fuerza. Es así desde la visión absurda como todas las cosas del mundo cobran sentido pleno, están ahí para nosotros y nosotros estamos aquí para el mundo, no sólo de paso, más bien en el mundo finito también, limitado, el mundo se humaniza y nosotros nos volvemos mundo. La esperanza desde esta perspectiva es un dolor innecesario, enmascarado de felicidad, no necesitamos este dolor, si bien no podemos eliminar todo el dolor que es correlativo al existir si lo podemos aminorar.

Junto con Camus nosotros también podemos aspirar a detener un instante la luz en los ojos, podemos guardar esa brizna de polvo y de lluvia en nuestro corazón –ahora también sin otro dueño mas que nosotros mismos– y lograr situarnos también en el reverso del mundo.

14 comentarios:

  1. Los dioses sin súbditos no son dioses "como dios manda" valga la redundancia, además tienen que tener enemigos. ¿Que seria del mundo de los dioses sin esas peleas entre ellos, sin esas luchas inútiles que les sirven para llevar la eternidad sin tanto aburrimiento?, ¿como recreamos la imagen de un dios victorioso si nunca tuvo oponentes, ni tuvo batalla alguna nunca?.
    Me han dicho que soy mortal, pero no lo se, nunca me he muerto así que afirmar que soy una persona mortal seria un atrevimiento, cuando llegue ese puente, le cruzaremos, mientras no lo veamos pues a vivir lo mejor posible.

    Un saludo.

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  2. Estupendo DANIEL, lo importante siempre será transitar puente o laguna con gracia y a buen ritmo.

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  3. Un interesante comentario el Daniel. Hace unos días, un paciente me comentó algo similar. Él no sabía si era inmortal, porque nunca había muerto antes... Y técnicamente estuvo muerto 20 minutos... Un para cardio respiratorio en el quirófano... Y volvió.

    Besote

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  4. Muy interesante el texto. Sísifo no es el mito. Es el hombre y la realidad material. Comparto el ateísmo implícito de Camus, basado en este caso en un Sísifo que no necesita más que lo elemental para sentirse existente.

    Respecto a lo de la mortalidad, claro, yo tampoco me siento mortal, simplemente me he creído imaginario desde que nací. Riamos si sabemos.

    Un abrazo.

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    1. Aprovechando que aún andamos por aquí, reír resulta de lo más sano!

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  5. Es en el momento en el que comprendemos lo absurdo y efímero de la vida cuando el camino se nos hace más liviano y llevadero. No tener más esperanza que la de vivir y morir con sosiego. Todo el resto es celofán engañoso.

    Abrazos

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  6. mientras siga encendiéndose el sol solo preocuparse por la lumbalgia galopante

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    1. ERIK: Parece que lo más inmediato siempre resulta lo más urgente, verdad?

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  7. Sísifo y Prometeo, con su actitud rebelde, apostaron fuerte frente a los dioses. Estos suelen castigar a los que osan ganar parcelas de libertad, de sabiduría o, simplemente, por su afán de llevar la luz a los mortales. También, en la mitología judeocristiana, saltarse las normas y comer del fruto prohibido.
    Un saludo.

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  8. CAYETANO: Hombre, me has dado una idea. Otro día copiaré lo referente a Prometeo. Personalmente elegiría a Prometeo, por lo del fuego y tal y por el buen centauro que se apiadó de él.

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  9. Me ha gustado como lo leo y lo siento
    He visto tu comentario en algun lugar y vine a verte
    saludos y feliz final de diciembre

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