miércoles, 11 de enero de 2017

PALABRAS AJENAS

MENDEL EL DE LOS LIBROS -STEFAN ZWEIG

pgs. 7,8,9,10, 11.-



"Me enfadé, como se enfada uno siempre que un  fallo le hace ser consciente de la insuficiencia e imperfección de las fuerzas mentales, pero no perdí la esperanza de recuperar aquel recuerdo.  Tenía claro que tan sólo necesitaba un minúsculo gancho al que poder aferrarme, pues mi memoria es de una índole particular, buena y mala al mismo tiempo.  Por un lado, obstinada y tenaz, pero por otro también increíblemente fiel.  Se traga lo más importante, tanto en lo que respecta a los acontecimientos como a los rostros, tanto lo leído cómo lo vivido, dejándolo con frecuencia en lo más hondo, en la oscuridad,y no devuelve nada de ese mundo subterráneo sin que uno ejerza presión, sólo porque así lo requiere la voluntad.  Sin embargo, me basta el más fugaz asidero, una postal, los trazos de una caligrafía en el sobre de una carta, una hoja de periódico amarilla por el tiempo, y enseguida lo olvidado, como el pez en el anzuelo, resurge de un brinco de la fluida  oscura superficie, vivo y coleando.  Entonces reconozco cada detalle de una persona: su boca y, en su boca, el hueco de un diente, a la izquierda, cuando se ríe.  Y el tono ronco de su risa,y cómo al reírse se le contrae el bigote. Y cómo con esa risa surge otro rostro, diferente.  Todo esto lo veo entonces de inmediato, en una panorámica completa, y años después recuerdo cada palabra que aquella persona me dijo en cierta ocasión.  Pero para percibir con los sentidos algo ocurrido en el pasado, necesito siempre un estímulo sensorial, una mínima ayuda de la realidad.  Así que cerré los ojos para poder reflexionar de modo más intenso, para dar forma a aquel anzuelo misterioso y asirlo.  Pero, ¡nada!, otra vez, ¡nada! Enterrado y olvidado.  Y tanto me irrité por lo chapucero y caprichoso del aparato retentivo que tengo entre las sienes, que habría podido golpearme la frente con los puños, tal y como se sacude una máquina tragaperras estropeada que, desleal, retiene lo que le pedimos.   No, no podía seguir por más tiempo sentado tranquilamente.


Hasta tal punto me excitaba aquel fracaso íntimo que de puro enojado me levanté para despejarme.  Pero, es curioso, apenas había dado los primeros pasos por el local, cuando en mi interior se produjo, reverberando u centelleante, un primer resplandor fosforescente.  A la derecha de la caja registradora, recordé, debía de haber una habitación sin ventanas, iluminada tan sólo con luz artificial.  En efecto, así era. Y estaba empapelada de un modo distinto y, sin embargo exacta en sus proporciones, aquella habitación interior cuadrada, de contornos imprecisos: la sala de juego.  De manera instintiva, miré en derredor los diferentes objetos con los nervios que ya vibraban de alegría.  Enseguida lo sabría todo, sentí.  Dos mesas de billar holgazaneaban allí  como verdes ciénagas en silencio.  En las esquinas había mesas de juego agazapadas, a  una de las cuales estaban sentados dos consejeros o catedráticos jugando al ajedrez.  En un rincón, justo al lado de la estufa de hierro, por donde se iba a la cabina de teléfonos, una pequeña mesa cuadrada.  Y de improviso  me vino a la memoria como un relámpago.  Lo supe de inmediato, al instante, con una única y ardiete sacudida que me hizo estremecer de felicidad.  Dios mío, si, aquel era el sitio de
Veinte años  después había ido a parar de nuevo a su cuartel general, el café Gluck, en la parte alta de la AlserstraSe. Cómo había podido olvidarle , a él, el mago, el corredor de libros que, imperturbable, se sentaba allí día ras día, de la mañana a la noche.  Símbolo del conocimiento.  ¡Gloria y honra del café Gluck!"
No necesité más que volver la vista hacia mi interior, tras los párpados, durante un segundo, y enseguida, de la sangre iluminada por las imágenes, ascendió su inconfundible figura. Tal y cómo  solía sentarse a aquella mesita cuadrada con la superficie de mármol de un sucio gris, siempre repleta de libros y documentos.  Cómo se sentaba allí invariable  e impertérrito, la mirada tras las gafas fija, hipnóticamente clavada en un libro y cómo, susurrando y rezongando durante la lectura, mecía su cuerpo  y su calva mal pulida y salpicada de manchas hacia adelante y hacia atrás, una costumbre adquirida en el cheder, el parvulario de los judíos del Este."



pg. 57.-"A nuestro amigo Mendel le habría encantado que al menos una entre los muchos miles de personas que le deben un libro aún se acuerde de él.  Después me marché y sentí vergüenza frente a aquella anciana Y buena señora que, de una manera ingenua y sin embargo verdaderamente humana, había sido fiel a la memoria del difunto.  Pues ella, aquella mujer sin estudios, al menos había conservado el libro para acordarse mejor de él.  Yo en cambio, me había olvidado de Mendel, el de los libros,  durante años.  Precisamente yo, que debía saber que los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así  defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido."

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15 comentarios:

  1. Del otro Mendel -Gregor- nos acordamos los que éramos estudiantes de Bachillerato, también los de letras. Sus famosas leyes, con los guisantes verdes, amarillos, lisos y rugosos. A este otro, a Jakob, para conocerlo habrá que leer el libro.
    Un saludo, Emejota.

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  2. CAYETANO. El Mendel de los guisantes y sus guisantes los tuve muy en cuenta a la hora de "elegir"....pero el factor error siempre me sobrepasó y aun sigue por ahí pero ahora cuento con ello, claro que cierto sentido de optimización siempre anda enredando.

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  3. Soy un gran admirador de Stefan Zweig, uno de los grandes escritores del siglo XX. Es un escritor completo puesto que destaca en todos los géneros, ensayo, biografías, narrativa...

    Como novelisa aborda bastante el sempiterno tema del hombre dominado por las pasiones, pero sabe hacerlo sin recurrir a tonos folletinescos. Se documenta mucho para escribir biografías sobre personajes notorios. En los ensayos predomina los problemas de carácter cultural, político y sociológico. Destacan su hondura psicológica, filosófica y literaria.

    No he leído el título que propones, pero lo tengo en mi e-bokk. Ya le llegará el turno...

    Saludos

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    1. LUIS ANTONIO. Es uno de mis autores favoritos. Cuando uno se acostumbra a lo optimo, lo bueno resulta mediocre. Todo un problema.

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  4. "la fugacidad y el olvido"lamentablemente todos terminaremos más o menos de esa manera... me quedo pensando. Gracias por este texto, me ha conmovido. Por cierto, mi hermano tiene, para su suerte, una memoria de ese tipo casi enciclopédico: recuerda no sólo los hechos sino su entorno y lo que él estaba haciendo en el momento del suceso.
    Un abrazo

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    1. NEO. Cierto, resulta conmovedor al tiempo que admirable. Afortunado tu hermano!

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  5. Leida otras obras del autor, no tenia esta presente
    Me ocupare de ir a la direccion que nos dejas
    Cariños

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    1. MARTHA. Es muy corto, solo 57 pgs. Cariños y a Mushi.

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  6. No sabía de este Mendel, porque el otro lo tengo muy presente...
    Lo leeré. Me ha abierto la curiosidad...

    Besote

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    1. MANUEL. Espero que te agrade. Al otro Mendel tambien lo tengo presente.

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  7. No creo que me defienda, pero si que me interesa el libro, así que lo leeré, muchas gracias por el dato :)
    Besos y salud

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    1. GENIN. Suerte. Es cortito pero muy especial.

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  8. Es una libro que he reverenciado desde que lo descubrí.Ningún relato más apropiado para entender -de verdad-la transitoriedad e irrelevancia de lo que somos y de lo que hacemos.

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    1. AMALTEA. Muy cierto ademas enormemente analítico.

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