domingo, 25 de diciembre de 2016

UN CABALLO DE TROYA EN LA ESPAÑA DE FRANCO y recuerdos de un "aquiles" de tantos durante los años cincuenta.

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EL BRITISH COUNCIL CUMPLE 75 AÑOS EN ESPAÑA

Colegio Británico: un caballo de Troya en la España de Franco

La apertura de un colegio británico en la capital de España en los comienzos de la dictadura franquista sirvió para introducir de forma sutil en la sociedad una política "aliada".

Un grupo de alumnos del coro canta en el colegio en Martínez Campos. (British Council)


En 1940, con una España arrasada por la Guerra Civil y en pleno auge del fascismo por toda Europa, un hombre pensó que abrir un colegio británico en Madrid podía ser una buena idea. Walter Starkie, agregado cultural de la Embajada británica en la capital, impulsó la apertura del primer Instituto Británico en un país salpicado de centros de enseñanza alemana e italiana. Un desafío que este año cumple 75 años y que el propio centro se encarga de recordar en el libro 'Yo fui al Británico. 75 años de historias y recuerdos'.
"Controlar a los niños significa controlar el futuro", escribió Michel Houellebecq en su polémica novela 'Sumisión'. Algo similar debieron pensar tanto Starkie como Lord Lloyd, a la sazón presidente de la Cámara de los Lores en Londres y otro de los impulsores del proyecto. "Todos sabían que, para introducir sutilmente una política probritánica, había que sembrar en la sociedad española distintos aspectos del mundo sajón", recuerda la exalumna y escritora Patricia Martínez de Vicente. "Un colegio británico en Madrid era la plataforma idónea para crear un ambiente favorable y ganarse las simpatías tanto de los españoles más escépticos como los de ideas más avanzadas, todo a través de la infancia".
En esta empresa, 'a priori' complicada, Starkie contó con algunos aliados como el duque de Alba —embajador de España en Londres— frente a la "indiferencia" del embajador británico Samuel Hoare. En un principio, la dictadura no vio con buenos ojos la apertura de un colegio británico que pivotase en torno a "una educación abierta, liberal y mixta". Dado que la religión católica era la columna vertebral del currículo español, Starkie tuvo que salvar ese obstáculo con la contratación de un sacerdote para impartir clases de religión a quien lo desease: "¡La independencia de criterio ante todo!", insistía por entonces.

Obras en la sede de Martínez Campos. (British Council). *
Recordaba demasiado bien cuanto le entristeció presenciar aquellas obras realizadas para aumentar las aulas  y permitir espacio libre para juegos y actividades diversas. Se cargaron un precioso jardín que cuidaban Sebastián y su mujer, los guardeses  del antiguo palacete donde se afincó el colegio británico en 1950. Acabaron intimando con una niña rara cuya mamá siempre llegaba tarde a recogerla y se entretenía persiguiendo a las mariposas entre los setos de  flores, las únicas que podía disfrutar por entonces, eran los "pensamientos" las más abundantes y cuando llovía se resguardaba en el humilde chiscón de la portería hasta ser recogida.  Tras el jardín el viejo matrimonio también desapareció, por lo visto no debían resultar tan útiles como Remedios y Manolita, como eran viejos,  seguramente serían jubilados.
Nunca olvidará el afecto mutuo que surgió entre la pequeña y los humildes porteros, suplían el espacio emocional de unos difuntos abuelos. Tampoco olvidaba las flores (alguna la dejaban guardar entre las hojas de los cuadernos) ni las mariposas que le prestaron sus alas para aprender sobre  la fragilidad.
Algunos días se estrellaban piedras sobre los cristales de clase, por esa razón los pupitres se situaban muy alejados de los ventanales.







"Teníamos sacerdotes, rabinos, imanes o lo que hiciese falta si había suficientes niños que profesasen una determinada religión", añade Carolina García-Sicilia, otra exalumna. "Sin ser conscientes de ello, nos estaban enseñando a respetar otros puntos de vista y a confiar en las personas, no en las religiones. Esa era mi España en 1945".
Precisamente, fue esa declaración de intenciones la que ayudó a que muchos hijos de diplomáticos y extranjeros destinados en la capital optasen por matricular a sus hijos en el centro. "Con su atinado olfato propagandístico, cultural y hasta comercial, sacó adelante su plan educativo con la excusa de favorecer las relaciones hispano-británicas a través de la infancia", recuerda la escritora.
Pero Starkie quiso dar un paso más. Conquistados los niños, faltaban los adultos.Por las tardes, el centro se convertía en lugar de conferencias, tertulias, exposiciones y toda una ristra de actividades encaminadas a promover esa educación británica que tanto había costado introducir en la capital. Las hemerotecas cuentan que por sus aulas pasaron conferenciantes como Camilo José Cela o Julio Caro Baroja —"siempre de claro talante liberal", subraya Martínez de Vicente—, todo con el objetivo de ganarse las simpatías de aquellos que estuviesen dispuestos a escuchar.
Un grupo de alumnos del centro. (British Council)







Aunque en la actualidad  el colegio se sitúa en Pozuelo de Alarcón (Madrid), lo cierto es que no siempre fue así. En su casi centenaria historia, las mudanzas han sido una constante. En septiembre de 1940, el Instituto Británico —por entonces se llamó así— abrió sus puertas en la pequeña calle Méndez Núñez, muy cerca del parque del Retiro. "Ocupaba una casa entera, con una entrada muy importante y un salón enorme que se utilizaba como salón de actos, y tenía en las paredes enormes trofeos de caza", recuerda el exalumno Manuel Gutiérrez Cantó. "Las clases estaban en los pisos superiores. Y arriba del todo había una enorme terraza donde a veces teníamos los recreos".
Cuatro años más tarde, se mudó a un palacete situado en la calle Velázquez esquina con Diego de León. Fue una estancia breve, ya que el siguiente traslado llegó a principios de los cincuenta hasta el número 31 del paseo del General Martínez Campos, donde hoy se imparten clases de inglés y se mantienen todavía las oficinas centrales.
La dictadura no vio con buenos ojos la apertura de un colegio británico que pivotase en torno a "una educación abierta, liberal y mixta"
Ya en la década de los noventa, con la expansión del centro, pasó a situarse en Somosaguas, al noroeste de la capital. Un cambio que en palabras de la exestudiante Elena Ovejas fue “traumático para casi todos” los compañeros. “Perdíamos el encanto de Martínez Campos, esa familiaridad, esos recreos, esas actuaciones, ir a Vallehermoso o al Canal de Isabel II a hacer deporte”, recuerda.
Los diferentes enclaves del colegio, todos ellos en las zonas más pudientes de la capital, no son algo baladí. Desde sus orígenes hasta hoy el 'British Council School' ha sido una institución donde se han educado las *élites. Por sus pasillos han desfilado nombres como la escritora Carmen Posadas, la exlideresa del PP Esperanza Aguirre y más recientemente los hijos de Mariano Rajoy, Eduardo Zaplana y José Blanco, amén de otros importantes personajes de la vida política y social.

A lo largo de sus más de 200 páginas y decenas de testimonios, esta biografía del Británico cuenta además con dos protagonistas de excepción, un par de nombres que se repiten de forma constante y que sin duda marcaron a todos los alumnos que por allí pasaron: Remedios y Manolita. *** Dos “sólidos pilares” de la institución para los que padres, estudiantes y profesores solo tienen buenas palabras. Podríamos contar quiénes son, pero esa ya es otra historia...

* Pisó el lugar por primera vez en Octubre de 1953.  Recuerda perfectamente cuanto lloraban los niños a su alrededor y los miraba asombrada porque se sentía muy satisfecha de iniciar al menos por unas horas una vida alejada del  asfixiante cordón umbilical. 


La del sombrerito, durante una de las primeras carreras. 

** Aunque su procedencia fuera de humilde economía se contraponía  a una elitista ambición ancestral, para materializarla le fue negado el placer de la fraternidad pero soñaba con encontrarla entre sus compañer@s. Grave responsabilidad a una edad tan temprana a sabiendas que a partir de los catorce años, cuando  acabara aquella especie de bachillerato   inglés simultaneado con el español (este último por vía libre) tendría que comenzar a buscarse la vida para aliviar la carga de su sacrificado y anciano progenitor demasiado cercano a la jubilación y los todos los inconvenientes de un sueldo peligrosamente inestable.  
Cuando algunos compañer@s, todos hij@s de familias liberales y pudientes  de la época,  le preguntaban por la profesión del padre poco después dejaban de jugar con ella, razón que le enfureció hasta el punto de obligarse a sobrepasarles escolarmente con gran esfuerzo puesto que no gozaba de buena memoria y le gustaba demasiado jugar, pero debía darles en las narices para poco a poco ir resarciendo su equilibrio interior.  Al final parece que lo conseguiría  y recien iniciada la adolescencia  un año antes de abandonar la escuela,  aquel patito vulgar comenzaría a llamar la atención por su fama de responsable, seria y empollona.  A los quince, abandonada la escuela británica, se ganó a pulso una beca A.F.S. para estudiar y dar conferencias juveniles en EEUU y volvió a los diecisiete con las ideas bastante  más  claras. Sueños e ideas a las que hubo de renunciar por motivos familiares, por amor y responsabilidad a sus sacrificados ancestros y   se vio obligada a tomar un rumbo muy diferente al soñado, hubo de abotargarse para dar vida y criar convenientemente a sus descendientes.


Reconocimiento  a final de curso.

***  Remedios y Manolita eran las "tatas" del lugar, siempre bien vestidas de uniforme negro y delantal blanco  controlaban a todos los críos del lugar. Ponían orden en la entrada principal y en las escaleras,  acompañaban a los "heridos" a enfermería/secretaría cada vez que se caían en el patio. Eran las mismas que les amenazaban cuando durante la salida jugaban a tirarse  las carteras a la cabeza los unos a los otros.  L@s niñ@s crecían  y volvían de visita pero  seguían topándose con ellas que recordaban casi todos sus nombres. Doy fe. 

https://youtu.be/Qu9BKPeOu8w 
https://youtu.be/tyQJdg5kD7g







4 comentarios:

  1. Supe de Sir Walter Starkie, (aunque lo se Sir, no está muy claro), a través de mi paisano el pintor Gregorio Prieto y sobre todo por el incidente que se produjo por la venta de sus archivos, por la Galería Durán, sin el consentimiento de sus herederos, en el que según malas lenguas, algo tuvo que ver Camilo José Cela.
    Besos.

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    1. JUAN. No tenía ni idea sobre el interfecto. En cualquier caso su intervención en lo referente a mi colegio resultó providencial en mi caso, de otro modo no habría salido bilingüe desde la mas tierna infancia ni habría vivido en EEUU, bueno bilingüe quizás sí porque me habrían matriculado en el liceo francés aunque se encontrara mas alejado de casa.

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  2. Que entrada tan interesante, y para ti supongo que los recuerdos te habrán encogido un poco el corazón, pero el hecho de que fueras a ese colegio, gracias al amor y trabajo infatigable de tu padre, es la excepción que confirma la regla, no era precisamente un colegio para pobres, sobre todo en los tiempos del pan negro y la cartilla de racionamiento, aunque aquí ya hablas tambien de otros tiempos menos canallas.
    Me ha encantado tu entrada, muchas gracias.
    Besos y salud

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    1. GENIN. Nací tras acabarse las dificultades de las cartillas, el solsticio de invierno de 1948. Mi padre fue un señor muy particular que trabajaba con pajarita por las noches en un tugurio de vicio franquista por un sueldo exiguo y un empresario vil que no pagaba sus obligaciones sociales pero nos salvaban las propinas y los meses de verano se cerraba y ....o no comíamos o había que buscarse curro de verano..... pero
      le decían que era demasiado viejo para encontrar otro trabajo. Así es como llegué hasta San Sebastián.
      Tanto infancia como juventud hasta los 20 estuvo llena de avatares y desarrollaron en mi persona una cierta precocidad. Luego llegaron tiempos de apoltronarse, procrear y aburrirse. Tras su fallecimiento fui víctima de malos tratos y reventó mi fe en la vida, maté a la niña buena que me había acompañado hasta entonces. Pero esa es otra historia.

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