domingo, 4 de diciembre de 2016

El Punto sobre la Historia 12: Chamberí, el barrio más castizo de Madrid

El Punto sobre la Historia 12: Chamberí, el barrio más castizo de Madrid.
El barrio donde nací.






https://www.youtube.com/watch?v=_oAV4N7GqZc

Presenciadas todas las imágenes que aparecen a partir del minuto1:44.  ¡Anécdotas a sacos llenos!  Valga una de ellas a modo de ejemplo de la vida ciudadana de la década de los años cincuenta del siglo pasado. Fue escrita en Octubre 2009.

 CAPITULO IX - EL AUTOBUS DE VUELTA 

Justo antes de pagar las consumiciones del día comenzaron a caer unos goterones muy gordos. Papá dejó un billete sobre la mesa sujeto con el cenicero lleno de colillas y salieron los tres pitando hacia la parada de autobús más próxima. Estaba cerca del café, solo había que cruzar La Castellana y correr un poco. Llovía a cantaros, se mojaron, claro, hasta guarecerse a duras penas bajo la frágil marquesina de la parada. Estaba llena de gente en semejantes condiciones y si consiguieron zafarse en alguna medida del chaparrón fue gracias a que hicieron sitio a la niña que les acompañaba. El tiempo pasaba, los autobuses llenos también pasaban de largo, el gentío protestaba airado cada vez que rugía un bus al pasar por delante de sus narices levantando una cortina de agua sucia que les “recalaba” calzado, medias, faldas y pantalones.

Las mujeres se llevaban el bolso a la cabeza para medio salvar sus peinados mientras los hombres, la mayoría tocados de sombrero tan solo libraban sus calvas de la lluvia. Llevaban esperando cerca de una hora, todo el mundo estaba chorreando cuando por fin abrió sus puertas el tercer autobús mientras el conductor gritaba “solo los cuatro primeros”. Iba atestado y aun cabían cuatro, era un milagro. Mamá consiguió colocarse la primera ante la puerta empujando a la niña con fuerza hacia dentro mientras tiraba de su marido con la mano que le quedaba libre. Los demás se quedaron con tres palmos de narices, pero no dijeron nada porque iba con una niña. Finalmente entró un señor muy fuerte que les empujó hacia dentro con rudeza hasta que se cerraron las puertas del bus, entonces la presión cedió un poco. No se podía dar un paso ni hacía falta agarrarse a ninguna barandilla, todos los cuerpos formaban una masa compacta que se bamboleaba a ritmo de los acelerones y los frenazos.

La familia se tenía que apear en la sexta parada y no fue hasta la quinta que tuvieron acceso al puesto del cobrador. Solo les quedaba una parada para conseguir llegar hasta la puerta de salida, si no podían tendrían que hacerlo en la próxima con gran disgusto. “Por favor, nos permite, que nos apeamos en la siguiente” decía mamá, empujando siempre a la nena por delante, detrás venía papá cubriéndole las espaldas y quién sabe si algo mas. (La circunstancia propiciaba las manos largas de muchos caballeros)

El billete costaba ochenta céntimos de peseta y papá siempre pagaba con tres pesetas dejándole quedarse con los sesenta céntimos de vuelta para su hucha. Poco a poco la pequeña iba engrosando su capital. Nada de caprichos, todo era para guardar. En aquellos tiempos los autobuses estaban dotados de un conductor ante el volante, separado del público por una chapa tras el asiento y una portezuela del mismo material por el lateral. También llevaba un cobrador sentado en su garita, sobre una especie de peldaño, cerca de la puerta trasera de acceso.

Por fin consiguieron apearse en la parada correspondiente y aún les quedaban unos seiscientos metros cuesta arriba para llegar a su casa. Afortunadamente la lluvia había amainado y aunque los tres subían la cuesta chorreando ninguno le dio apenas importancia.  Aquello era habitual en el Madrid de los años cincuenta cada vez que llovía o que el momento coincidiera con las horas punta de los trabajadores. A mitad del camino  hacia casa había una gran rejilla del metropolitano que desprendía aire caliente, y ahí permanecían un ratillo para secarse mínimamente. Las faldas de las señoras volaban hacia lo alto pero todas sabían sujetárselas para que no se les vieran las bragas. A ella le encantaba dar vueltas como si se tratara de un molinillo mientras sentía el aire subirle por las piernas, era algo tan divertido.




Aquella noche no podía dormir de la emoción. Estaba triste y alegre al mismo tiempo, era algo muy raro.   Por otro lado le producía placer rememorar la aventura del pajarillo y el no menos glorioso chaparrón.

Se sintió más mayor, algo más segura dentro de su infinita inseguridad: Pocas niñas de siete años podían cazar un pajarillo al “casi vuelo”, si ella pudo es que ya era mayor y por mucho que le doliera que los enanitos no existieran, eso tendría que significar algo.

 ¡La última anécdota tuvo lugar anteayer!, ¡pero esa es otra historia!



https://www.youtube.com/watch?v=1m6Gm1l8sPo

Del minuto 2:12 al 2:20: El espacio más "pateado" a lo largo de diecisiete años a cinco minutos de la casa donde fui nacida.

Con la moda actual de nostalgias televisivas por parte de la generación siguiente a la propia me he animado a publicar esta entrada.  Y es que no puedo evitar el amar profunda e intensamente todo lo que conozco bien, incluidos  los espacios donde viví , que fueron muchos y diversos. ¡Qué cosa mejor puede hacer una apasionada de la naturaleza, la arquitectura, el urbanismo y la historia subyacente.
 Ninguna nostalgia  en mis recuerdos puesto que los viví intensamente hasta su extenuación,  sino alegría y satisfacción que compartiré con quienquiera que se asome a la ciudad cuyo cielo fue el primero que vieron mis ojos allá por las navidades de 1948. Por tanto muchas de las imágenes del segundo vídeo, salvo las de principios de siglo y la guerra civil,  las presencié en vivo y en directo.   Eran tiempos grises, sucios y oscuros, pero era lo que abundaba y  los críos de entonces nos teníamos que acabar acostumbrando. Quizás  fuera una de las razones, amen de los apuros económicos,  por la que  muchos intentaríamos escapar de la piel de toro.

Además aquellos primeros años constaban de sus  veranos en San Sebastían, cada uno de  tres meses de "eterna duración", todos ellos aburridísimos salvo  alrededor del  verano de mi decimoprimer cumpleaños que  conseguí medio zafarme de las amarras maternas  y campar por mis respetos por la tacita de plata  en compañía de Ignacito, mi hermano postizo, por entonces todo un hombrecito de dieciocho años,  y varios vecinitos de mi quinta  puesto que me sentía tan  capaz de hacer lo mismo que ellos.  Uno de aquellos años formamos un equipo de pesca y todos   juntos ganamos el tercer trofeo de pesca del "Pez Chico", categoría B, celebrado en el  muelle de la ciudad durante las fiestas de la Virgen de Agosto,
 http://www.diariovasco.com/v/20130813/costa-urola/concurso-chico-para-sociedad-20130813.html


https://www.youtube.com/watch?v=AVrnFUa1nTs


1954

Una anédota en la playa de Ondarreta:
"Mamá, ¿quien es esa señora tan fea sentada en la sombrilla justo enfrente?"
"Niña, no señales con el dedo que es la famosa corista Celia Gámez,"
"Ahhhh si, esa de la que tanto hablan por la radio." ( Los hogares españoles aún no tenían   t.v.) "¡Anda pues ese señor con bigotito que se sienta a su lado aún es más feo! y además lleva un bañador ridículo porque se le nota todo"
"Ese es su amigote de verano"
"Pues no me gusta nada ese tipo de gente".
"Chsssss calla niña, calla."
Manotazo al canto.
También  de romería vascuence a la antigua usanza habría de ir  allá por  1966.

No me gustaría que lo escrito hasta la fecha fuera considerado cuestión de egolatría, sino que ando haciendo cierta recopilación histórica para mis descendientes, habida cuenta que no puedo contarles batallitas, de una vida que, al compararla con otras tantas, ha demostrado resultar la mar de inquieta, pinturesca y entretenida amen de vivida muy intensamente así como repleta de acontecimientos de la más diversa índole.  Además resulta ser la que mejor conozco, que no se deben juzgar cuestiones, circunstancias ni acontecimientos ajenas.
De paso, como en su día coloqué en "borradores" diversos  vídeos sobre Madrid y el barrio de Chamberí , aprovecho que actualmente me encuentro "en el dique seco" por arte y gracia de un esguince y alguna ligera fisurilla en el costillar  producidos ayer al caerme de la bici. Tras acabar las lecturas pendientes y aburrirme de las consiguientes películas dominguiles se me ha ocurrido hacer la presente payasada con la "pata por alto".





12 comentarios:

  1. A lo mejor yo estaba en alguna de las fotos de San Sebastiano, me has traído recuerdos de cuando chaval y jovencito...
    Ten cuidadin con la bici que aunque eres joven se va perdiendo la flexibilidad y peligran las fracturas de cadera según se dice...jajaja
    Besos y salud

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    1. GENIN. A lo mejor! Ya, ya, pero soy muy prudente, no la monto mas de media hora y "en femenino" por eso de mantener equilibrio y tal, me caí por culpa de una indecisión con un poste, a partir de ahora solo circularé por el carril bici.

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  2. Qué aventuras vienen a la mente de cuando uno era pequeño.
    Lo mejor de tu barrio era la estación fantasma. Yo la conocí en funcionamiento. Había un anuncio de un raticida, en tonos sombríos, con la cara versosa de un caco y una rata, que me daba miedo y morbo a la vez.
    Un saludo, Emejota.

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  3. CAYETANO. Yo también! , pero la que más frecuentaba era la de Iglesia (s), y recuerdo el montacargas, a falta de escaleras de la de Granvia.

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  4. La percepción de los recuerdos infantiles desde la madurez deja siempre una sensación de tristeza, por lo menos en mi caso. Quizás porque hemos perdido la mirada inocente y el asombro y ya pocas cosas nos afectan tanto como aquellas

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    1. AMALTEA: Eso es cierto, debe ser lo que tienen los inicios de todo tipo. Si bien, en la infancia hay asombros e inocencias que duelen, duelen mucho, y en la madurez avanzada recuerdos que consuelan otro tanto. ¡Me quedo con ambas etapas extremas de la vida, la zona media me parece terrible!. Quizás se trate de mi experiencia personal. Sinceramente, me agradan ambas por igual: inocencia y experiencia fundidas en una unidad. Como nacer con un as en la manga.

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  5. Tu entrada me ha traído al recuerdo ese Madrid en blanco y negro de mi juventud. Y sobre todo me has recordado a Olga Ramos, a la que me gustaba escuchar con su orquesta de señoritas en el Café Universal de la Puerta del Sol. Con un café toda la tarde y si querías "fardar" y andabas "suelto" de pasta, un "limpia".
    !Que lejos queda eso!.
    Un beso.

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    1. JUAN: Tiempos duros de narices Juan en los que estábamos sometidos a la rudeza de aquella sociedad. Mis padres me transmitieron toda su experiencia de un pasado terrible liberándome de aquellas miserias. Tras comprobar que tenían razón seguí sus sabios consejos con gusto. Visto lo visto me parece que fui una privilegiada a pesar de todos los pesares, lo cual quizás me convirtiera en persona exigente y selectiva a los ojos de muchos contemporáneos.
      Los cuplés ahora me hacen gracia aunque ocultan muchas miserias de tiempos pasados si hacemos una doble lectura de sus letras aunque siempre preferí la música clásica y la foránea. Lo que cuentas nunca llegué a conocerlo personalmente.

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  6. Vengo de un blog amigo que ha recorrido Madrid recientemente. Me gusta mucho la ciudad, con sus historias propias, de cada quien. No sabes, como me gusta caminar por puerta del Sol, y la calle Mayor...

    Me ha recordado incluso a mi Caracas, natal...

    Besote guapa

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    1. MANUEL. ¡Con cuanto bagaje cuentas Manuel! ¡Eres muy rico en experiencias y me alegro por ti!
      Hace unos meses subí a la última planta del segundo Corte Inglés del centro, antiguo segundo edificio de Galerías Preciados desde el cual se puede apreciar todo el "skyline" del centro de la ciudad. Se encuentra ocupado por diversos baretos y restaurantes de moda y una especie de terraza interior para apreciar las vistas. Basta con subir y mirar, no hace falta consumir si no se desea.
      No recuerdo la calle donde se encuentra, pero está en el cogollito del centro muy cerca de la Gran Vía. Soy un desastre para eso de los nombres de las calles. Llego a los sitios preguntando o recordando, o perdiéndome y descubriendo otros lugares mientras busco el camino.
      El recuerdo que tengo de hace décadas corresponde a la última vez que fui cuando aún era Galerías Preciados. Fue para comprar unos maceteros a buen precio y callejeando para llegar hasta el lugar me topé con el incendio bastante avanzado de los antiguos Almacenes Arias, creo recordar que se llamaban así. Me impresionó mucho ver lenguas de fuego triscando los ventanales de un gran edificio en el mismísimo centro mientras la gente como yo transitaba tan tranquilamente por delante. Los bomberos aún no habían llegado...y por supuesto no existían los teléfonos móviles.

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  7. Resido en Barcelona desde adolescente, pero también me encanta Madrid. Tu barrio, al que conozco superficialmente me ha despertado mucha curiosidad gracias a tu entrada documentada. Espero conocerlo más.

    Saludos

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  8. LUIS ANTONIO. Me ocurre lo mismo que a ti pero con Barcelona. Adoro esa ciudad, resulta tan completa: mar y montaña, lo más. Me encanta todo lo bueno, lo disfruto a tope y si encima puedo compartir disfrute.... bueno, bueno, una verdadera gloria. Es lo que tiene apreciar la belleza de la materia en sus mejores dimensiones.
    Verás, si vas a venir por aquí y para información general, voy a publicar ahora mismo una entrada de un par de restaurantes que si te gusta la ópera te podrán agradar. Busco una "youtubada" y la publico.
    Por cierto, Teruel existe, doy fe y me encanta, al fin y al cabo mi primer apellido es oriundo de dicha tierra. Recuerdo la magnífica ración de jamón con un magnífico tintorro que degusté cuando llegué y .... bueno, bueno .... placeres tiene la vida, aunque parezca que no resulta popular airearlos. ¡Me da igual, vamos a disfrutarlos dignamente para compensar disgustos e intentar equilibrar la balanza!

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