miércoles, 23 de noviembre de 2016

SOBRE DESTINO Y LIBRE ALBEDRÍO

Al hilo de la cuestión......como decían los griegos que eran muy listos, LA PERSONALIDAD ES UNA POTENCIA ENERGÉTICA NADA DESDEÑABLE.  
Queda confirmado que en igualdad de patologías entre  enfermos ingresados en la UVI unos mueren y otros no.  



Parece que el ser humano se encuentra atado a la rueda del destino hasta que sobre él amanece la conciencia de la posibilidad de elección que le ha sido concedida.  Tiene entonces un atisbo de la naturaleza paradójica de las fuerza que lo ha atado, pero que también le ha dado el poder de romper sus ataduras si desea escoger el dolor que lleva consigo la pugna, y aceptar los peligros de la libertad con que habrá de tropezar en la espiral ascendente que es el camino que se inicia a partir de la rueda quebrada.
Las proyecciones inconscientes de un individuo pueden llevarle a enfrentamientos, relaciones y situaciones que, aunque asuman un cariz de destino, están reflejando su propia lucha por llegar a la conciencia de sí mismo.
Probablemente resulte necesario realizar ese esfuerzo de lucha porque es muy poco el contacto que tenemos con la matriz de la vida, de donde emerge el yo consciente. Del mismo modo, tenemos muy poca conciencia de la misma  porque es bien poco lo que entendemos acerca de  las corrientes que se entrecruzan en el inconsciente, configurando nuestras vidas y tomando decisiones por nosotros. 
A veces conviene admitir  que existen  algunas personas sumamente intuitivas con  una gran sensibilidad para ese cronometraje interior que regula los finales y los comienzos de las fases. Se trata de un don especial para adivinar cuales son las fuerzas que se mueven en el inconsciente. A ellos los ciclos cambiantes no les sorprenden.  

El enigma del destino y del libre albedrío ha dejado perplejos a los más grandes pensadores que haya conocido la historia del hombre.   De igual manera que la filosofía y la religión, la astrología se ha trabado en la lucha con este enigma y ha intentado expresarlo en su propio lenguaje, como respuesta a la cuestión de si existe realmente algo a lo que se pueda considerar como otra "opción".  Cada una a su manera las escuelas del pensamiento psicológico están investigando aspectos de la misma cuestión: hasta qué punto el comportamiento de los hombres está condicionado por la herencia, hasta qué punto por el medio, hasta dónde por la volición consciente.  Y aquí, como en otras muchas cuestiones profundas,  su respuesta  en última instancia  acabará en paradoja.  Tanto la astrología como la psicología analítica describen esta paradoja a su manera.

El destino y el libre albedrío son problemas filosóficos capitales, pero  no sólo tienen que ver con la especulación metafísica, sino también con las pautas de nuestras relaciones como por ejemplo: ¿Qué tipo de elección se opera cuando alguien se enamora? ¿Cuál es la elección implícita en el nacimiento de un niño que en sí mismo lleva su propio temperamento innato, el cual puede o no desarrollarse de acuerdo con los designios de los padres? ¿Qué clase de elección tiene uno cuando algún ser querido  lo abandona pese a sus más nobles esfuerzos por mantener intacta la relación? ¿Qué papel desempeña la elección en el daño que con tanta frecuencia provoca una niñez difícil, y que para desenmarañarlo nos cuesta, en ocasiones, una vida entera de lucha?

Hay personas que prefieren creer que todo en la vida es azar y está sometido exclusivamente a los caprichos de la casualidad.  Éste es un punto en cierta medida tranquilizador porque mitiga la carga de la responsabilidad personal.  También hay personas, y en Oriente se cuentan por millones, que creen que la vida fluye totalmente de acuerdo con la predestinación derivada del karma de cada cual, es decir de los efectos sobre causas que arraigan en encarnaciones pasadas. Esta posición también resulta consoladora, porque lo absuelve a uno de responsabilidad en el presente.  Finalmente, hay quienes creen que la propia voluntad es el factor determinante de nuestro destino, está actitud resulta la menos reconfortante, porque habitualmente la vida nos pone frente a cuestiones que no es posible alterar por un esfuerzo de  voluntad, ni siquiera de la más poderosa.  

En muchos de nosotros existe una especial renuencia a hacer frente de manera creativa a la cuestión del destino y el libre albedrío, ya que profundizar demasiado en ella sería el equivalente de asumir una responsabilidad para la cual no estamos  preparados, ni siquiera equipados.  Sin embargo conviene creer hasta cierto punto en el poder de la elección porque sin ella nos hundiríamos en el desvalimiento y la apatía. y debemos tener cierta confianza en las leyes de la vida que nos guían, para que no nos dejen irreparablemente destruidos con su funcionamiento.  

Existen leyes biológicas colectivas que rigen muchos aspectos de la pauta de crecimiento y damos por supuesto que tenemos cuidadosamente documentadas las experiencias arquetípicas del desarrollo humano sin embargo las leyes psicológicas colectivas sobre la evolución humana no lo están tanto debido que hemos tendido a ignorar la vida de la psique prefiriendo considerarla como un subproducto accidental del cuerpo y del cerebro.

De todo lo anterior se deduce que resulte natural que un niño de dos años dependa de su madre, pero resulte  comprensible desconfiar de un hombre que a los treinta manifieste la misma dependencia.  Podemos esperar que entre los veinte y los treinta años a una mujer le preocupe la maternidad pero no esperamos que siga preocupándole a los ochenta y no solo porque su desarrollo biológico haya hecho que ello deje de ser un problema sino porque psicológicamente ha dejado atrás esa fase de la vida.   De modo similar, podemos esperar que un individuo en el otoño de la vida se dedique a las realidades interiores, a reflexionar sobre el significado de las experiencias habidas y hacer una reevaluación retrospectiva de las pautas de acuerdo con las cuales ha evolucionado su vida para porporcionarle algún atisbo de significación más profunda. Sin embargo mal podríamos esperar encontrarnos con semejante actividad en un niño, que aún tiene pocas experiencias objetivas sobre las cuales reflexionar y cuya reducida continuidad en el ejercicio de la conciencia individual no le permite tal forma de reflexión.

Aceptamos, estos ciclos básicos de la evolución humana porque resultan inevitables, acordes con la naturaleza y comunes a la totalidad de la vida sin embargo con frecuencia sentimos sorpresa o disgusto ante los individuos que no son capaces de dejar atrás una fase de la vida y tampoco se permiten crecer para emprender otra. 
 En este "saco" nos encontraríamos con al  joven a quien el miedo excesivo a perder el apoyo psicológico de su complejo materno le impide arriesgarse a tener una relación seria con una mujer. También incluiría a la mujer joven que prefiere seguir teniendo seis años en el plano emocional y recibir los favores de un "papa" sustituto: o a la mujer mayor que cubierta de capas de pintura no se atreve a mirarse al espejo porque un rostro y un cuerpo juveniles han sido siempre lo único que han podido entender de su propia feminidad.
  
Deberíamos ser más tolerantes con las personas a quienes nos inclinamos a definir como "neuróticas" porque pocos son los individuos que en algún secreto rincón de su vida no se aferran a algo que  ha sobrevivido a su propósito y a su utilidad.
En parte, esto es consecuencia de nuestra educación y de nuestro condicionamiento social, ya que de los occidentales civilizados se esperan ciertas cosas que en ocasiones quizá no coincidan con el mapa básico individual.   Por ejemplo se espera que a los 17 años estemos preparados para ingresar en la universidad , equipados para salir al mundo y escoger profesión a los 21; que una mujer sea lo bastante madura como para casarse y tener hijos a cualquier edad a partir de los 17  y que a los 35 se esté lo suficientemente definido como para afirmarse en su profesión.  A los 45 se debe haber alcanzado la estabilidad suficiente para poseer casa y automóvil y se cuenta con que a los 65 ya estemos todos tan agotados como para jubilarnos y empezar a pensar en la pensión y en la muerte.  Sean estas expectativas convencionales realistas o no en teoría, es frecuente que en la práctica resulten desastrosas.  Cada uno tiene su propio temperamento innato, rebosante de posibilidades creativas que le son propias y cada individuo también tiene una pauta natural de crecimiento propio así como su peculiar cronología en cuanto a su evolución.
Así tenemos que hay mujeres que a los 21 se encuentran preparadas psicológicamente para ser madres y otras no lo están hasta los 35, 40, o  quizás nunca.  Hay personas que alcanzan su madurez intelectual a los 17 y otros quienes no lo consiguen hasta los 50, entonces esa sería la época en que mejor partido sacarían a unos estudios universitarios.  Hay seres que se encuentran emocionalmente maduros a los 20 y otros que pueden llegar a la vejez sin haber salido de su infantilismo emocional. 
Sin embargo y a modo de ejemplo, el vulgo se ríe de las personas que a los 40 quieren cambiar de profesión, o  de la mujer que a los 45 decide que el matrimonio resulta un objetivo deseable; se les condena a vivir  vivir con las consecuencias de la opción que escogieron en su juventud.  
 Alguna gente cambia y sin embargo parece que eso no gusta a la gran mayoría. Si esos cambios son verdaderamente productos espontáneos de la evolución interior es menester estimularlos y alimentarlos, de otro modo la vida se podría atrofiar y su experiencia convertirse en una especie de jaula sofocante.

 Al aceptar ciegamente las opiniones colectivas nos mutilamos y mutilamos nuestra propia potencialidad de crecimiento y de cambio.   Raras son las veces que entendemos lo estrechamente ligado que va semejante debilitamiento con la depresión, la enfermedad física, la neurosis y la muerte 




10 comentarios:

  1. En las sociedades sumamente tradicionales, zonas rurales sobre todo, el destino tiene un sentido enorme: estaba de pasar, llegó su hora, no estaba de Dios que muriera... resignación cristiana, fatalismo y, seguramente, búsqueda de consuelo ante el infortunio. Lo que Erich Fromm llamaría "miedo a la libertad" en aquel memorable libro de hace ya unas décadas. Es mejor que la responsabilidad de lo que pase la tenga Dios o el destino, así nos consolamos si las cosas nos salen mal.
    Un saludo, Emejota.

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    1. CAYETTANO. Gran realidad, comprobada de primera mano que he conocido en una aldea asturiana durante estos últimos año tanto como resulta curiosa ver la adaptación de los jóvenes descendientes de los antiguos moradores al contacto con otras oleadas de pensamiento a través de la tecnología en el último lustro. La brecha de incomprensión entre generaciones resulta mucho más abismal que la surgida en las ciudades. Sin embargo los fondos...¡Ay esos fondos!, ¡cuanto ciudadano aún posee fatalismos ancestrales!....y mejor dejarlo aquí, que al final uno se acaba acostumbrando a todo hasta a asumir no solo las consecuencias de sus acciones sino hasta quizás también de las ajenas.

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  2. Pues mira, le tocó el turno al corazón de Rita Barberá... :(
    Besos y salud

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    1. GENIN. Voy a ser muy vulgar: "Por nacer cerdito no hay lechoncillo que escape a su propio San Martín". Eso sí, conviene retrasarlo lo más posible cuidando mucho al pobre animalico y procurar por todos los medios que no "sanmartine" de forma colectiva. Jajj, en esas me encuentro.

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  3. No pienso que creer en el karma absuelva
    Creo que el horoscopo se nos da para que mejoremos en todos los aspectos
    Pienso que todos somos iguales ....pero diferents, por algun motivo sera, y asi tambien el transitar por la vida es diferentes
    Es buen ejercicio observar el comportamiento de hermanos criados de igual manera
    Grato leerte Emejota, la culpable soy yo que me voy por las ramas jeje
    Cariños

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    1. MARTHA. Ya andaba mosqueada por no ver secuencia en tus entradas ya que generalmente avisas antes de irte. A mi modo de ver karma es carácter y genética. Ya sabes que me tomo la astrología como un puzzle, como un ejercicio para mover las neuronas, además rinde dividendos de modo indirecto porque nos prepara para asumir lo que nunca creímos que podríamos asumir y de ese modo seguir adelante con ese ejercicio que los humanos llamamos desarrollo.
      Lindas ramas las de tu árbol Martha.

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  4. Paulo Coelho: ""Cuando un hombre busca su destino, se ve forzado muchas veces a cambiar de rumbo. Otras, las circunstancias externas son más fuertes y se ve obligado a acobardarse y ceder. Todo esto forma parte del aprendizaje"

    Comparto la idea anterior.

    Saludos, emejota

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    1. LUIS ANTONIO. También Paulo Coelho ha sabido adaptarse muy bien y aprender (hace tiempo) de ciertas fuentes esotéricas y siempre inspirativas a su mente narrativa para conseguir el éxito. En cuanto a la afirmación que transmites, pues si, ciertamente, pero dicho aprendizaje siempre depende de su capacidad. Además existe un rango enormemente diverso de la susodicha, y aquí podríamos aplicar todo lo referente a "proyecciones" y cosas así. Todo depende de la medida del observador y del observado a la hora de dirimir sobre cualquier cuestión y no es fácil evitar sombras y proyecciones a la hora de la acción o el repliegue.

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  5. Imperdible reflexión. Te felicito Emejota, demuestras un conocimiento profundo del ser humano y de las ataduras a las que estamos sometidos, por voluntad, desidia, cobardía o ignorancia, quizás un poco de todo.
    La cuestión es que el conocimiento de la esencia, de quiénes somos, con lo que eso implica, el reconocimiento de nuestras debilidades y miedos, es el único camino seguro para conectarnos con "todo". Ser uno en los demás, en la fuente originaria y última. Claro que esa es una actitud más propia del misticismo, de cualquier tradición religiosa; la conexión con el corazón, el verdadero órgano de las emociones, nos libera del sufrimiento o lo hace más liviano.
    No sabemos qué somos pero sí qué sentimos y el porqué.

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    1. AMALTEA: Gracias por tu comprensión. Resulta consecuencia de que mi burrita particular se empeñara en seguir su zanahoria particular pese a todo tipo de trabas, incluido el altísimo peaje biológico del espacio temporal y cultural en que me tocó nacer. Desde muy pequeña tuve claro que el mundo donde me nacieron no era lo que yo quería pero ya que estaba..... pues no iba a ser menos y participé a tope, siempre esperando y trabajando en la retaguardia a que la vejez me liberara, al menos parcialmente. Si a eso le llamamos misticismo, vale, pero como este está relacionado con las religiones no me lo puedo adjudicar. Aunque comprenda la necesidad de las mismas en el desarrollo de nuestra cultura tanto me da religión como rock and roll,(por decir algo) en cierto sentido consuelan el ánimo. Lo que ocurre es que los pueblos y sus culturas van muy por detrás de "místicos impersonales ". En los últimos veinte años lo que más me "consuela y divierte" porque soy una persona como cualquier otra y padezco las mismas necesidades que el resto de los humanos, es la astrología junguiana, tras atravesar diversos sistemas de pensamiento que acabaron obsoletos en mi mente. Como le digo a Martha, amiga bloguera del principio de mis principios como tal, allá por el 2009, " me tomo la astrología como un puzzle, como un ejercicio para mover las neuronas, además rinde dividendos de modo indirecto porque nos prepara para asumir lo que nunca creímos que podríamos asumir y de ese modo seguir adelante con ese ejercicio que los humanos llamamos desarrollo.
      Por cierto, para el próximo sábado tengo programado otro "tocho", esta vez de índole claramente astrológico. Cuando sienta que la astrología se encuentre tan obsoleta en mi mente como me ocurrió con el resto de los sistemas de pensamiento, me alejaré de ella, aunque resultaría posible que la vida me abandonara antes. El tiempo manda, siempre manda y todo tiene un final.
      No tengo tan claro que la conexión con el corazón nos libere del sufrimiento, a veces nos encadena más a él. En mi caso alguna explicación coherente me bastaría, de ahí mi continuo deambular.
      Por cierto, en materia astrológica me han tocado ocho raciones de Jupiter, seis de Saturno, un trío de Virgo y un chorrito de Escorpio. Mézclese y sírvase bien frío en verano y muy calentito en invierno.

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