Se tocó la cadenita de oro y mostró el dedo con el anillo de plata, también tenía un par de canicas de colores relucientes bien guardadas en el bolsillo de su delantal, las más valiosas de todas sus prendas. "Sí" respondió señalando a la cadena y al anillo, el resto se lo calló, tampoco lo entenderían.
En aquel momento cada una iba describiendo como veía a su "príncipe azul": que si alto, guapo, ojos claros, listo, deportista, divertido, interesante, hasta rico y todo se atrevió a decir muy quedo la niña por cuyas suelas de los zapatos asomaban dos hermosos espacios para ventilar calcetines y pinreles.
Todas estaban de acuerdo en aquella materia, aquél príncipe les salvaría de sus penas, de sus dudas, de sus miserias, en resumidas cuentas las desposaría y ellas se convertirían en princesas automáticamente con plaza de reinonas. Así, sin más, por las buenas.
Como había llegado la última cuando le preguntaron, siguiendo orden riguroso, por las características que querría para su príncipe azul.... la pequeña respondió muy segura.
"Yo no quiero un príncipe azul para nada, que son muy estirados y me daría vergüenza estar con él, yo querría tener al Sastrecillo Valiente a mi lado."
Todas soltaron la carcajada y se miraron entre si de reojo haciendo muecas de conmiseración, la pobre era tan pequeña que no entendía nada.
"No podrás tener un palacio, ni sirvientes."
"Bah, eso me da lo mismo, solo quiero jugar mucho con mi sastrecillo y no parar de reirnos y pasarlo muy bien todo el rato."
"¿Y los manjares?" le preguntó la de los tirabuzones cursis, muy sorprendida.
"Esos se encuentran al alcance de la mano", dijo señalando una higuera cercana.
Decididamente era boba, dejaron de preguntarle y siguieron con su discurso.
Una de ellas sacó a colación el cuento de la princesa y el sapo, una cosa llevó a la otra, para acabar citándose todas ellas a las once de la noche y acudir en secreto al otro estanque, donde el croar de las ranas resultaba más intenso. Se llevarían redes e irían besando una por una a todas las que consiguieran sacar del agua, a ver a cuantas les tocaba un príncipe.
A Reme, una mocita graciosa aunque no demasiado agraciada, le entró una duda tras haber escuchado la salida del sastrecillo, sin poder aguantar su curiosidad le espetó a la nena: "Oye por qué prefieres al sastrecillo en lugar del príncipe", es más feo y más pequeñajo.
"Es muy fácil," respondió la peque, "el sastrecillo es como yo, le gusta jugar y siempre podré hacer lo que más me guste, con el príncipe sería todo lo contrario, siempre tendría que servirle y estar a sus órdenes y además no me podría amar toda la vida porque no he nacido princesa, dice mi hermana mayor que los príncipes son así.
"¿Y si es él príncipe quien te besa?" metió baza la pizpireta de Mari, pegando una risotada "¿te convertirías en princesa o en rana calva?"
Cuando había acabado de hablar comprobó que aquellas pajaritas ya habían levantado el vuelo pero ella seguía en el mismo puesto con sus dos canicas del colores brillantes en el bolsillo del delantal.
Colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
http://youtu.be/z4tCio9_5nA


Ya de pequeñita apuntabas maneras y lo tenias claro, tu currar para el príncipe ni de coña, pero si te molaba estar de cachondeo con el sastrecillo...jajaja
ResponderSuprimirBesos y salud
GENIN: Así es, de pequeñita prometía, pero de jovencita las hormonas me idiotizaron y se me ocurrió que resultaba mucho más seguro tener principitos guapetes que sastrecillos. Ja,ja, así me lució el pelo. Ahora como la vejez está relacionada con la infancia, pues claro, vuelta la burra al ...... donde sea. Mis príncipitos, eso sí, intenté educarlos como sastrecillos, para que se apañaran bien por la vida, percal de doble cara, completitos......ja,ja, y mi nuera pensando en devolvérme uno. Ja,ja santa rita rita rita, lo que se da no se quita. Bssss.
ResponderSuprimirSabes, en alguna vida pasada nos encontramos Emejota. Yo no quería a mi lado una mujer de dinero, sino una que arrimara el hombro. Que sabiendo que hay carencias, siempre disfrute de la vida.
ResponderSuprimirYo también tengo mi sastrecilla,m aunque yo soy el coge los bajos de los pantalones ;D
Besote guapa
Pues yo.. .me quedo con aquel que sepa despedirse, si despedirse, de manera elegante, por que al fin.. sabemos que todo acaba... pero las despedidas educadas y con clase... creo que no las da, ni las dará nunca el dinero.. eso o se tiene mamao... o no se tiene...
ResponderSuprimirpero vamos que si hay que pedir, lo quiero guapo, inteligente y con dinero.... o no...???
y ya por pedir, pido tenerme a mi misma que no es poco y desde luego lo más importantiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisimo..
el chiquito que se tenga. solito..
besitos... linda.. dama
MANUEL: No hace falta irnos a vidas anteriores, caso que las hubiere, cosa en la que hace tiempo dejé de creer con relación al ego, pero lo cierto es que somos familia "energética", ya lo intentaré explicar mejor en alguna entrada, porque compartimos pensamientos y actitudes comunes, junto a otros muchos otros, y ello resulta muy muy consolador sentirlo, aunque sea sin un ego personal y lo estupendo es que la muerte no nos separa,así por ejemplo me siento familia de Unamuno, de Ortega, de Kirkegaard, de Sócrates y Platón, de Spinoza, de..... ufff tanto personal, ;) Bs. familiar.
ResponderSuprimirESTRELLA: Ja,ja, mucho me parece que tendríamos que dialogar sobre la cuestión, la verdad.... de verdad..... he perdido la fe en las relaciones entre los sexos salvo que me demuestren su equilibrio interior e inconsciente entre animus/anima. Algo muy muy difícil, pero con el paso de los años quizás algo se pueda arreglar, considerando que las hormonas ha decaído, algo que por cierto sienta fatal a la mayoría de los varoncitos. Bs.
ResponderSuprimirOye chavalilla si fueras arbol verias y sentirias la belleza del perro muerto y del diente.....
ResponderSuprimirjajajaj..
que jodid.....
no digo..
besos...
Estrella, te amo, por lo de chavalilla.......ja,ja.... vaya par de..... chavalinas estamos hechas. Bs.
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